Feliz año 2020

 Feliz año

Quizás éste ha sido un deseo, un buen deseo durante 2019 y para muchos parezca un sueño guajiro durante este año nuevo, 2020. En el control cíclico que llevamos del tiempo, el primero de enero marca el inicio de un año calendárico, con relación a la misma fecha del año anterior; por lo tanto ¿no será un año nuevo el día 6 de agosto respecto a la misma fecha del año precedente?

En la vida personal se repite lo que es una norma dentro de las empresas: propiciar buenas relaciones o al menos simularlas, cerrar bien el año o el ejercicio fiscal y contable.

¿Por qué esperar a que lleguen estos días para hacer un “balance” de nuestra vida, un examen de conciencia y plantearnos buenos propósitos para los otros 365 días por venir?

Si dejamos asentado que día a día iniciamos un nuevo período, para cada una de las personas, independientemente del rol familiar, social o empresarial que desempeñamos, sigue siendo válida la frase que he visto en la sacristía de algunas iglesias, refiriéndose a la celebración de la Eucaristía; parafraseando: “viviré este día como si fuera el primer día, como si fuera el último día, como si fuera el único día”.

Como si fuera el primer día: cuando tenemos oportunidad de probar algo por primera vez, de estar en esa primera cita con la pareja, de tener entre los brazos al primogénito, de iniciarnos en un nuevo empleo, cuando inauguramos nuestro negocio, es entonces cuando ponemos nuestra mejor sonrisa, buscamos lo mejor de nuestro guarda-ropa y desearíamos prolongar por más tiempo, eternizar la estancia o el contacto.

Como si fuera mi último día: al asistir a un funeral hemos visto, y experimentado en muchos casos, que los familiares del difunto quieren asirse al féretro para estar más cerca y por más tiempo con su ser querido. Frecuentemente, al terminar un trabajo, una fiesta, queremos dejar la mejor impresión, sacar el mejor y último beneficio, hacer lo que tal vez no hicimos durante el tiempo que antecedió a la despedida, como el alumno que no estudia durante el semestre y quiere aprender los dos últimos días todo lo del período. Los deseos son buenos, pero no así los resultados. Aquí cabe el estribillo del poeta: “en vida, hermano, en vida”. ¿Qué haría hoy si fuera MI ÚLTIMO DÍA DE VIDA? Seguramente aparecerían mis prioridades más profundas.

Como si fuera mi único día: la filosofía que le ha dado el éxito y magníficos resultados a los grupos de Alcohólicos Anónimos y sus derivados, se encierra en la frase “sólo por hoy”. El único día con el que contamos es el presente. El ayer nos sirve como experiencia, pero ya se fue, ya no es. El mañana vendrá, pero no para todos, pues nadie tiene la vida futura asegurada, por tanto, éste puede ser el único día con el que ya cuento para ser la persona que quiero ser, que necesita México y espera Dios.

Los buenos deseos pueden hacerse realidad únicamente cuando se tienen objetivos y metas concretos, cuando sabemos a dónde queremos llegar y trazamos un plan de acción, cuando nos allegamos los recursos necesarios o indispensables para su logro, cuando pasamos de los planes a las acciones, cuando convertimos las deficiencias en áreas de oportunidad. Lo anterior es válido, pero si no mejoramos nuestras actitudes, si no nos ponemos en los zapatos del otro, será muy difícil lograr lo de “feliz año nuevo”. Desde antiguo se ha leído en el libro de Proverbios: “Por encima de todo cuidado, guarda tu corazón porque de él brotan las fuentes de la vida”.

He escuchado las quejas lastimeras de muchas personas y las mías propias al decir que no somos felices con tal o cual persona, que nos causa muchos problemas, que nos “hace” sufrir, pero ¿acaso me he preguntado si son felices conmigo, si las hago sufrir o disfrutar, si les evito o les causo problemas?

El Niño de Belén, a quien recordamos en su Navidad hace algunos días, nos ofrece un futuro espléndido, que podemos aplicar a la empresa, a la familia, a la vida personal: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Un deseo, un propósito . . ., mejor dicho, renuevo mi compromiso: este inicio de 2020 no voy a desearles “próspero año” a mis familiares y amigos; con Dios en mí, cada día ayudaré a mi prójimo, y contribuiré para que quienes me rodean sean felices y, juntos, conseguir el crecimiento desde el SER, que el ESTAR y TENER vendrán por añadidura.

Sólo así tendremos un
 Feliz año

Este artículo apareció por primera vez en Diciembre de 1997 en el periódico El Sol del Bajío y, desde entonces, he venido publicándolo cada año en diversos medios, más que como una costumbre, como un balance y examen de conciencia, además de una renovación de propósitos.

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